La decisión
- José Martí
- 5 oct 2022
- 3 Min. de lectura
Ha llegado la hora de tomar esa decisión drástica antes de que sea demasiado tarde y evitar así caer en el hoyo del que cada vez será más difícil salir. Aunque seamos reticentes, a veces se convierte en la única salida posible.

No solo hay que entender lo que está pasando sino tener reflejos para entender lo que está pasando. Es un error seguir dejando para el día siguiente lo que empezaba a urgir para el día de ayer. Cuanto más tiempo transcurra, más contraproducente será para el club granota seguir en el banquillo con alguien herido de muerte. Ojo, nadie duda de la capacidad de trabajo del todavía míster del Levante. Nadie cuestiona sus ganas de triunfar, ni su pasión, su buena voluntad o dedicación… de lo que tampoco nadie duda es de su falta de bagaje y experiencia para dirigir un equipo como el Levante y su demostrada incapacidad para, en estos momentos, encontrar la senda del ascenso. El resultado de su trabajo tras ocho jornadas, se resume en desconcierto e inseguridad en el juego, con continuos vaivenes, y -en la clasificación- empate a puntos con Ibiza y Ponferradina en la zona media-baja.
Es comprensible que Catalán no quiera convertirse en un revienta banquillos a las primeras de cambio. Es una persona prudente que huye del gatillo fácil. También es lógico que Miñambres evite a toda costa emborronar su expediente y apure las pocas opciones que quedan para que Nafti remonte el vuelo. Una destitución en el primer cuarto de Liga es siempre un fracaso e incide negativamente en la disposición y actitud del vestuario para el futuro. Le resta credibilidad. Pero, aunque sean reticentes para adoptar la decisión, a veces se vuelve inevitable y se convierte en la única salida posible.
Todavía estamos a tiempo de empezar de nuevo y reconducir el proyecto del ascenso hacia el éxito.
Igual que la principal causa de morir es haber nacido, el principal motivo del despido es haberlo contratado. Es algo que resulta ineludible. Antes o después llega ese momento. Y ha llegado la hora de tomar esa decisión drástica antes de que sea demasiado tarde y evitar así caer en el hoyo del que cada vez será más difícil salir, como sucedió el curso pasado con Paco López (“el bueno de”, como escribirían delante del nombre los horteras del buenismo que tanto abundan en este mundillo). Esto no significa que el domingo no apoyemos a muerte al equipo frente al Racing. Al contrario.
En la temporada 2005-06, el Levante ocupaba el puesto 11º en la décima jornada y, pese a que había sido líder de Segunda ganando los tres primeros partidos y solo había perdido otros tres, Villarroel destituyó a Oltra por Mané tras una dolorosa derrota en Almería (5-1). El equipo terminó ascendiendo en Lleida en la última jornada. Se apostó por la experiencia frente a la juventud de un entrenador novato que, con el tiempo, terminaría acumulando ascensos en Tenerife o A Coruña.
Como entonces, no es momento de experimentos sino de determinación para, cuando se detecta la parálisis, apostar por la veteranía y elegir a alguien curtido en estas batallas. Es un riesgo sin garantías, cierto, pero más lo es continuar así. Consideramos un error no haberlo hecho desde el primer momento, pero todavía sería más grave no auto enmendarse ni corregirse para enderezar el rumbo. Cuanto más se posponga, peor será.
El Levante todavía está a tiempo de empezar de nuevo y reconducir el proyecto del ascenso hacia el éxito. Esta vez no hay “o no”. Tenemos la certeza. Sí.
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